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LA ARTRITIS REUMATOIDE EN EL ADULTO MAYOR



La Artritis reumatoidea se encuentra relacionada estrechamente en el adulto mayor con la osteoporosis y su resultante complicación: la fractura, que afecta a una alta cifra de adultos mayores, por lo que se establece como una inquietud para enfermos y especialistas de la salud.


Se concibe esta última como el padecimiento ósea-metabólico más común, por lo que consiste un acuciante problema de salud producto de su elevada tasa de morbi-mortalidad y por los altos costos directos e indirectos que exige su atención. Los factores de riesgo modificables de la osteoporosis como el peso, el sedentarismo, la nutrición, los estilos de vida incorrectos, componen un rol significativo en el origen de esta enfermedad.


Además, la artritis reumatoidea se relaciona con Hipertensión arterial, Diabetes mellitus, úlcera gastroduodenal, Enfermedad pulmonar crónica obstructiva, Hepatopatías crónicas, Asma bronquial, Trastorno del tiroides, Anemia, entre otras.


Aunque su afectación puede comprometer a varios órganos, la Artritis reumatoidea se identifica por la inflamación de la membrana sinovial de las articulaciones diartrodicales, de las bursas sinoviales de deslizamiento y de las vainas tendinosas.


En el tejido sinovial inflamado se manifiestan rasgos de destrucción local que irrumpen y perjudican a las estructuras de la articulación, trascendiendo en la pérdida de la función, lo que produce discapacidad en los pacientes con Artritis reumatoidea.


El diagnóstico de la artritis reumatoidea se justifica, sobre todo, en las manifestaciones clínicas centradas en los criterios de clasificación de 1978 del Colegio Americano de Reumatología (CAR). No obstante, se debe señalar que entre los criterios de categorización se hallan la presencia del factor reumatoide (FR).



Fuente: www. scielo.sld.cu

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