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El Pie Geriátrico. Incidencia en la calidad de vida



Las enfermedades del pie aparecen con frecuencia entre la población de mayor edad, un hecho que se ha analizado en diferentes estudios, en los que se confirma el aumento de este tipo de patologías asociadas al pie geriátrico en personas mayores de 64 años y, especialmente, en las mujeres de este colectivo.


Una de las dolencias que más afecta a los adultos mayores son las caídas, que suponen para ellos un importante problema de salud, pues pueden traer asociadas diversas complicaciones.


Estas caídas son más habituales entre la población femenina, aunque el balance tiende a igualarse según se llega a edades más avanzadas. Unido a esto, las caídas son, en sí mismas, un factor de riesgo para padecer nuevas pérdidas de equilibrio, debido a sus efectos asociados.


Por otro lado, la evolución hacia la edad anciana provoca diferentes cambios en las estructuras que forman las áreas del pie y el tobillo, un proceso que, probablemente, modifica la forma de caminar de las personas mayores. Como consecuencia de lo anterior, la estructura y la función normal de los pies se alteran. Estas transformaciones afectan a la persona desde una perspectiva biomecánica, y podrían favorecer la aparición de dolencias podológicas.


De igual modo, el envejecimiento también afecta a la piel de los pies. Entre otras alteraciones, la dermis pierde grosor en la zona de las almohadillas, así como flexibilidad en el conjunto del área plantar. Como resultado de todo ello, la piel se hace más frágil, pierde eficacia como barrera de protección para ciertas molestias, y se modifica la regulación de la temperatura.

Todos estos elementos favorecen la tendencia a las caídas entre la población mayor, la predisposición al dolor crónico de huesos y articulaciones, y la funcionalidad del cuerpo se ve reducida. Además, estas alteraciones en el pie geriátrico suponen una pérdida de la calidad de vida de las personas y, ligado a ello, crece el nivel de dependencia de estos adultos mayores.


Teniendo en cuenta lo anterior, y sabiendo que los pies necesitan un cuidado específico, se recomienda a los ancianos una completa valoración podológica y, en caso de ser necesario, un tratamiento especializado y de calidad. No obstante, además de la revisión a cargo de un profesional de la podología, es necesario establecer una rutina de cuidados e higiene para proteger la piel de los pies y prevenir la aparición de, por ejemplo, úlceras por presión.




Fuente: www.geriatricarea.com

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