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EL DOLOR CRÓNICO EN EL ADULTO MAYOR



Los adultos mayores encuentran diversos comportamientos para expresar su dolor, los cuales se pueden resumir en tres grandes grupos: aquellos que deciden expresarlo usando el llanto como señal, quienes deciden callarlo y lo que hacen es disfrazarlo o esconderlo, y quienes, al contrario, manipulan como señal de búsqueda de atención.


Quienes optan por quejarse lo hacen abiertamente, exteriorizando su dolor y explicando al resto de personas que quejarse es una señal para que se comprenda el dolor que están experimentando; esto les permite desahogarse y sentir un poco de alivio frente al mismo. Ellos argumentan que nadie se queja sin dolor, por lo cual es necesario creer en él cuando alguien lo refiere. Estas creencias frente a la expresión o no del dolor son, en su mayoría, propias de la cultura de cada individuo, por lo que se debe propender por entender el contexto y, por ende, las características particulares del adulto mayor.


Los adultos mayores experimentan una serie de sentimientos y emociones como la angustia, la tristeza, el miedo, el estrés, la impotencia, la desesperanza y el aislamiento, los cuales dan cuenta de una nueva perspectiva que lleva a entender aún más cómo la experiencia del dolor crónico impacta en todas las dimensiones de los participantes.


Esta mezcla de emociones sugiere un posterior agotamiento físico y mental en el adulto mayor despojándolo de toda su energía y arrastrándolo a experimentar emociones negativas que agudizarán sus síntomas y afectarán a otras funciones normales de su cuerpo.


En relación con lo descrito se evidencia que el cambio repentino en el estado de ánimo da como resultado una agudización del síntoma o una mayor predisposición al dolor; esto predispone a que algunos adultos mayores con dolor crónico tengan dificultad para reconocer y reportar sus sentimientos por temor a ser rechazados.


A continuación, se describen algunos sentimientos experimentados por el adulto mayor durante la experiencia dolorosa:

Sintiendo angustia. Se genera como una consecuencia del dolor persistente o también suele desencadenarse cuando hay un factor que perpetúa el dolor. La angustia emocional se observa con frecuencia en los adultos mayores, quienes están a la expectativa de un dolor repentino y el consecuente desencadenamiento de una crisis para la cual no se sienten preparados y, por tanto, temen que el dolor se intensifique y se llegue a la limitación.


Sintiendo tristeza. La tristeza se convierte en una reacción que experimenta el adulto mayor frente a las negativas encontradas por el sistema de salud para tratar su enfermedad. La desesperanza se hace visible frente a la poca disponibilidad en la atención por parte del personal médico, la negligencia frente a la información suministrada y la falta de tratamientos y expectativas para disminuir su dolor hacen que la tristeza y la desesperanza inunden sus corazones y, por tanto, se resignen a experimentar el dolor como una entidad propia que estará con ellos durante el tiempo que les reste por vivir.


Sintiendo miedo. El miedo al dolor es impulsado básicamente por la anticipación del mismo y no por la experiencia sensorial del dolor en sí; se produce un temor al futuro, a la limitación, a la incapacidad funcional, lo que refuerza las conductas negativas y, por ende, se genera un sufrimiento anticipado que repercute notablemente en su estado de ánimo y en la enfermedad.


A medida que su dolor persiste, el temor se incrementa, ya que las dificultades financieras se hacen evidentes, también la dificultad para realizar las actividades cotidianas, trastornos del sueño o las mismas complicaciones relacionadas con el tratamiento.

Sintiendo ira. La ira es una reacción que surge en el adulto mayor como resultado de la presencia continua de los síntomas que acentúan el dolor; generalmente este sentimiento es generado en doble vía, el enojo consigo mismo por permitir que el dolor se haga cargo de sus vidas y, por otro lado, es la ira con las personas que las rodean, ya que se sienten incomprendidos y poco apoyados.


Otro aspecto que desencadena sentimientos de ira es la poca sensibilidad que tiene el personal médico cuando se trata de explicar el diagnóstico y posibles consecuencias del tratamiento; los describen como fríos, calculadores y deshumanizados, lo que demuestra una vez más la falta de interés por el cuidado del adulto mayor agudizando así los sentimientos de impotencia, desasosiego, confusión e ira.




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