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APROXIMACIÓN A LAS ENFERMEDADES NEURODEGENERATIVAS



En las últimas décadas, las enfermedades neurodegenerativas se han convertido en un problema de creciente magnitud y complejidad bio-psico-político-social que requiere de la intervención de los ámbitos del Sistema Sanitario y Social. Al estar asociado al envejecimiento, se ha detectado un progresivo incremento en su incidencia y también en su prevalencia, siendo necesario por tanto, un abordaje multidisciplinar.


Entendemos el deterioro cognitivo como el declive de las funciones cognitivas superiores, bien como consecuencia de alteraciones vinculadas al proceso fisiológico del envejecimiento, o bien motivado por otros agentes causantes (consumo abusivo de sustancias tóxicas, traumatismos craneoencefálicos…). Atendiendo a este concepto, podemos graduar la intensidad con la que dichos déficits cognitivos, funcionales y/o emocionales se manifiestan entre los posibles individuos afectados:


Etapa 1

No se observarán síntomas, aunque la enfermedad se haya instaurado. En esta fase resulta complejo filiar el diagnóstico.


Etapa 2: Disminución cognitiva muy leve

El paciente verbaliza quejas por no recordar bien, puede olvidar los nombres de sus familiares más cercanos. Sin embargo, en esta fase aún no se ven afectadas sus habilidades sociales ni su rendimiento laboral. Es difícil diferenciar estos síntomas de la pérdida de memoria asociada a la edad pudiéndose confundir con la aparición de signos y/o síntomas de carácter depresivo.


Etapa 3: Leve deterioro cognitivo

La persona afectada tiene problemas para encontrar palabras y nombres, no entiende bien ni recuerda lo que lee al detectarse déficits atencionales y de concentración llegando a perder objetos personales. Es la fase en que los primeros síntomas comienzan a ser evidentes para nosotros, siendo recomendable concertar una cita con su médico de referencia.


Etapa 4: Deterioro cognitivo moderado

Se produce una pérdida de memoria de su historia personal (autobiográfica) reduciéndose su capacidad para gestionar las tareas complejas (el control de las finanzas, autoadministración de medicación…). No obstante, seguramente la persona afectada negará cualquier problema relacionado con la memoria e intentará evitar situaciones en las que se requiera concentración y/o atención.


Etapa 5: Deterioro cognitivo moderado-grave

En esta fase, el paciente ya no puede vivir de manera independiente y pueden olvidar personas o lugares familiares para él. Todavía es capaz de comer o ir al baño solo, aunque necesitará nuestra ayuda para vestirse, así como para el resto de las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria.


Etapa 6: Deterioro cognitivo grave

El individuo afectado puede no reconocer a sus familiares de referencia, aunque el parentesco sea muy cercano siendo incapaz de recordar acontecimientos biográficos relevantes. Necesitará nuestra ayuda para todas las actividades de la vida diaria apareciendo alteraciones en los patrones del sueño. Perderá también la capacidad de controlar sus esfínteres.


Etapa 7: Deterioro cognitivo muy grave

Por último, se evidencian déficits cognitivos muy severos siendo esta situación muy difícil de abordar para los familiares más cercanos. El afectado pierde sus habilidades comunicativas precisando de ayuda para realizar absolutamente todas las actividades de la vida diaria (ir al baño, comer, vestirse…). Al final de esta fase la persona pierde incluso la capacidad de deglución.



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